Friday, May 13, 2011

Buen viaje

Al final se nos ha ido hoy (nueve meses después de la entrada reproducida a continuación). Gracias por todo, Sochi. Siempre estarás con nosotros.





La mejor gata del universo conocido y parte de Teruel está pasando sus últimos días con nosotros. Cuando lean esto, es posible que ya se haya ido a otra de sus 9 vidas. Si quiere reencarnarse en vez de ir directa al Nirvana (porque ella puede elegir: Ni Dios le llevaría la contraria) quizás esté haciéndolo en estos momentos. De ser éste el caso, Sochi sólo podría reencarnarse en el próximo Buda, una ballena azul o una nebulosa.

Las canciones elegidas para este homenaje son dignas de una gata elegida. Sochi tuvo ocasión de decirle en (felina) persona a su autor, Juanito Richman , que de todos los singols que conoce —que no son pocos para una gata— el “Egyptian Reggae” era el mejor. El autor le pasó la mano por el lomo. Esa mano que tiene el autor para hacer canciones. Sochi no podría estar mejor acompañada en su viajar (con una voz de su tierra, de Nueva Inglaterra). En Egipto, como en Casa Santa Bárbara, el gato era un animal divino. Ojalá su próxima vida tenga algo de reggae egipcio y algo de montaña rusa junto al mar.




Egyptian Reggae (J. Richman)
Roller Coaster by the Sea (J. Richman)

El segundo singol —que encontrarán más abajo— también está dedicado a ella: Primero porque Juanito y Bambino están inseparablemente unidos en nuestra casa. Segundo porque ambas canciones reflejan bien nuestros sentimientos sobre Sochi.

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Efectivamente: todo el mundo cree que sus gatos son los mejores. Lo que ocurre simplemente es que no tienen razón, y nosotros sí: mucha razón y muchas razones, todas incontestables, y se las vamos a dar.


Estos son algunos hechos de la intensa vida de la gata a quien nuestra adorada madrina la Yegua de Cascorro apodó “la Marlene Dietrich de los gatos”:

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NACIMIENTO: “Yo soy la providencia.”

Sochi nació hace unos 12 o 13 años (los evangelistas dan cada uno una fecha posible) en un lugar humilde y desconocido en o cerca de la ciudad de Providence, Rhode Island, como Cthulhu y todos los Primordiales. Cuando llegó a nosotros, era un bebé del tamaño de la palma de la mano, y venía en la mano de un vagabundo.

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PERSONALIDAD:
“Yo soy La que soy”

1- Como sabe todo el que la conoció, Sochi ha hecho siempre gala de una legendaria, increíble, endiablada mala leche. Arañazos, rasguños, mordiscos, bufidos eran el pan nuestro de cada día; la salsa eran pieles arrancadas, llantos, sangre y dolor. Pero la maldad de Sochi iba más allá de cualquier vulgaridad mortal, de cualquier motivo mundano, más allá del carácter de las calico (gatas de tres colores: naranja, negro y blanco, que son siempre hembras). La maldad de Sochi iba más allá de la maldad. Era una mala leche pura, completa y sin defectos ni artificios. Una mala leche de escándalo, de antología, de juzgado de guardia. Una mala leche contagiosa, de veinte uñas afiladas e ineludibles como la guadaña de la muerte.

Lo que poca gente sabrá es precisamente que este carácter de Sochi le venía de alta cuna: Ya cuando era un microbio que pesaba menos que una naranja, cuando tenía una boca que no abarcaba la yema de un meñique; ya en esa tierna infancia ella se revolvía, mordía, rasgaba, rabuñaba, bufaba, atacaba, resolvía. Lo que se dice auténtica casta.
Tal era el carácter de Sochi y lo que imponía su augusta presencia que circulan por internet estos corolarios:

- Sochi no duerme: espera.
- Sochi mató una vez un pájaro con la mirada.
- El motor de Sochi tiene dos velocidades: Ronronear y Matar.
- El sexto día Dios creó a Sochi. Y tuvo un escalofrío, y por eso el séptimo día descansó, pensando “Mejor no liarla más.”
- Sochi no mira: perdona la vida.



2- Un hecho indica la nobleza absoluta de su maldad: Sochi podia diseccionarte los nudillos, hacerte un siete en las palmas de la mano o dibujarte con la uña una “S” perfecta en la camisa… Pero jamás te tocaba la cara. De hecho, si uno quería molestarla sin sufrir las consecuencias —y hay que reconocer que uno a veces quería— sólo tenía que acercarle la cara, sabiendo que nunca, bajo ninguna circunstancia, atacaría. Sochi era el epítome de lo que se llama fair play, en el amor y en la guerra.

3- Sochi tuvo un compañero felino durante dos años. El otro gato, el Sr. Solly Hillcoat, era el doble de grande que ella. Cada vez que éste pasaba, Sochi le arreaba un zarpazo en el lomo. Porque sí, porque sí, porque zas.

4- La maldad de Sochi se contraponía, como en casi todos los grandes hombres a su altura (Hitler, Atila, Napoleón) con una dulzura increíble en las distancias cortas. Te buscaba, te seguía, se te subía encima para que la acariciaras —más le valía a uno hacerlo bien—, ronroneaba, dormía sobre tu regazo o sobre tu pecho, pareciendo deshacerse como el caramelo.

5- En la vida hay momentos raros como que caiga un rayo sobre una persona que lleva un boleto premiado de lotería: Así era cada instante en la vida de Sochi. Por ejemplo, ustedes sabrán que un gato, cuando está enfadado, mueve la cola. Sochi tenía más bien un látigo mortal, que rompía el aire con un “wwsh! wwwwsh!” que paralizaba el corazón. Y los dos estados de Sochi —Matar y Ronronear— se combinaban a veces para hacer de ella la única gata en el universo conocido que podia ronronear y agitar la cola al mismo tiempo. Eran momentos aterradores en que uno, que normalmente estaba acariciándola el lomo, no sabía si se iba a quedar sin mano al momento siguiente, a pesar del tranquilizador ronroneo.

6- A menudo, el mismo ronroneo no le impedía a Sochi lanzarte un tantarantán. Algo en plan “¡que aprendas a acariciarme!” Y a seguir ronroneando subida en tu regazo.

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PECULIARIDADES:

Yo soy una exquisita sibarita
no soporto la mediocridad
yo tengo que comer gloria bendita
y exijo siempre la máxima calidad (si no no pruebo ná)


Normalmente la alimentación felina se caracteriza por una palabra: rutina. A todo gato le gusta lo que le ha gustado siempre, y cambiarle de comida es difícil. Por el contrario, Sochi es la Guía Michelín de la Comida de Gato. Tenía gustos de Emperatriz Romana. No sólo le gustaba la comida nueva: La comida tenía siempre que ser fresca y recién abierta. Sochi devoraba la comida de una lata abierta ante sus ojos. Lo que sobraba, daba igual meterlo a la nevera, conservarlo y ponérselo unas horas después o tirarlo: si intentaba uno darle de comer de una lata no recién abierta, ella se acercaba, olisqueaba, echaba la cabeza para atrás y lo miraba a uno como irónicamente, “¿pero tú con quién te crees que estás tratando?”

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HABILIDADES: “Yo soy aquella”

Sochi es la única gata conocida capaz de boxear con la Muerte. Tenemos en Casa Santa Bárbara una marioneta boxeadora que representa a la Muerte, y se la azuzábamos a Sochi, que respondía adoptando su famosa Postura de Canguro (el llamado “ataque letal marsupial”), y sobre sus dos patas traseras le lanzaba derechazos, uppercuts y crochets al monigote de la Muerte. A veces cobrábamos entrada.




Una habilidad muy especial que nunca terminamos de apreciar pese al ingenio que demostraba era su capacidad de despertarte —a propósito, por supuesto, si usted duda ésto no ha leído bien lo de arriba— de diversas formas: Bien rastrillando repetidamente con la pata cualquier papel que hubiera en el suelo —método infalible—; bien jugando con unos pendientes de madera, levantándolos con la patita y dejándolos caer, una y otra vez sobre el suelo, hasta que uno se despertara —método acelerado—.

Si quieren ver otra hazaña muy suya, pinchen aquí.

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Bambino:
Corazón loco (R. Dannemberg/Arr: M. Salinas)
La nave del olvido (Dino Ramos)



Estos días, desde que empezamos esta entrada, Sochi ha renacido de sus cenizas. Es un desafío, y nos gusta. Sabemos que pronto nos dejará. No nos importa que pasen unos días más, que nos robe las vacaciones. Estamos a su disposición, ahora y siempre.

3 comments:

Student Nurse said...

La echo de menos :(

Deborah said...

Lo siento mucho. Esperaba verla otra vez. Que bueno que Sochi podía disfrutar el jardín en sus últimas dias, y que tenia compañeros humanos que la querían muchísimo.

don sicalíptico said...

Vaya d. mis más sinceras condolencias. Siento no haberlo hecho antes. Abrazos fuertes.
X.